Gremary, un fotógrafo todo terreno (I)

La entrada de hoy es muy especial para mí y me hace muy feliz escribirla… Así que allá voy.

Me tengo que remontar a agosto de 2014, mes en el que, como sabéis por otros posts, parece que me dieron el pistoletazo de salida en cuanto a los preparativos del Día B. Así, sin más, un día me puse frenéticamente con los sacos de arroz, invitaciones, sello, muñecos de la tarta, pendientes, tocado… Y por supuesto el fotógrafo.

En aquel entonces nunca me había hecho un reportaje, no sabía bien lo que era ni lo que implicaba. Mi experiencia más cercana habían sido las últimas comuniones de los primos en las que los propios familiares hacían los retratos y los vídeos :s

La única medio idea que tenía era que ahora, para las bodas, las fotos ya no se imprimían y se pegaban en un libro sino que se hacían álbumes digitales, de estos tipo Hoffman.

Fijaros cual era mi ignorancia que hace unos años vi en el perfil de Facebook de una conocida que se había hecho un reportaje en la playa y yo que observé a esos dos novios metidos hasta la cintura en el agua me quedé “a cuadros”. El motivo fue porque yo a lo que estaba acostumbrada era a que entre la ceremonia y el convite las parejas se iban y se echaban unas fotos. Debido a mi desconocimiento, deduje que el reportaje se había hecho en ese transcurso de tiempo, y pensé: madre mía, que incomodidad estar luego cenando con los trajes mojados y sucios… ¿no?

Es que lo recuerdo y me río. A ver, el que no sabe es como el que no ve, supongo, jeje.

La cuestión es que después de la pedida me empecé a meter en foros de bodas y fue entonces cuando descubrí y entendí los conceptos de pre y posboda.

Como decía al principio, nunca me había hecho un reportaje y mi relación ante la cámara no era precisamente buena, la del Señor Esquiador peor. Así que pensé que para tener algún recuerdo, con cuatro fotos iba a bastar y tampoco iba a hacer falta gastar mucho.

Con esas ideas preconcebidas me puse a buscar fotógrafos en mi ciudad. Pedí un par de presupuestos y aluciné bastante… pero bastante. Dejé el tema en stand by hasta que un día en mi peluquería comenté el caso. Allí me dijeron que había una clienta que trabajaba “desde casa”, que por tanto sus precios no debían sesr elevados, y me dieron su perfil de Facebook y su teléfono.

La muchacha en cuestión tardó unos días en recibirme “en su casa”, y mientras estuve mirando sus álbumes de fotos en su red social. Siento ser borde, pero creo que cualquiera de mis amigos/familiares con una cámara común hubiera hecho mejores fotos. Pero esperé a que me dijera precios. Si realmente era económica y como yo no tenía muchas aspiraciones…

La tarde acordada fuimos para allá el Señor Esquiador y yo. Nos abrió la puerta y nos hizo pasar al despacho “de su casa”, y allí nos dejó casi una hora. Se subió a la planta de arriba, a “su habitación”, porque estaba haciendo un reportaje a un niño que no paraba de berrear. Parecía que lo estaban matando al pobre… :s

(Fuente)

Resumiendo, cuando por fin nos atendió, una de las primeras cosas que nos soltó era que el Día B la teníamos que invitar a cenar. A ver, con el tiempo me he enterado que hay parejas por ahí que a los fotógrafos, chófer, cura… les dan un menú más pobre, o no les dan, lo cual me parece bastante “cutre” por no decir una falta de respeto, pero de ahí a soltárnoslo de sopetón y como requisito imprescindible…

Además, el precio por el trabajo que nos propuso era bastante elevado. Puedo decir que el importe ascendía prácticamente a lo que me he gastado finalmente, y si a eso le sumamos la deficiente calidad de sus fotos que yo ya había visto, y los usos y costumbres que esta persona se gastaba a nivel profesional… Terminé declinando su oferta, aunque he de añadir que días después seguía poniéndose en contacto conmigo rebajando su precio inicial. Lo cual me confirma que en un principio “se pasó tres pueblos”, pero ella probó…

Mucho morro

(Fuente)

Poco después me pasaron el teléfono de otra chica que también trabajaba desde casa, pero ésta por lo menos previamente había tenido un estudio, aunque con la crisis lo había tenido que cerrar. Además, la calidad de su trabajo no era malo, aunque no espectacular. Pero un poco más de lo mismo: me puse en contacto con ella y el precio, como comprobé después, era casi el mismo que terminé pagando, con la diferencia de que éstas personas no tienen que pagar alquiler de local, impuestos, etc.

Así que chicos, que no os den por ahí “gato por liebre”.

gato por liebre

(Fuente)

Víctima de la desesperación, en los foros decían que habían fotógrafos con listas de espera interminables, me puse un día a divagar por Facebook. Lo recuerdo como si fuera ayer: una noche de agosto de 2014, estaba sentada en mi terraza tomándome una cerveza mientas el Señor Esquiador preparaba la cena. Encontré el perfil de Gremary. Flipé. Vino el S.E. y le enseñé las fotos. Flipó. Pero ahora viene lo mejor: algunas de las instantáneas eran de una pareja a la que conocíamos. Siento ser mala pero los pobres son un poco… ejem. Así que ambos pensamos: si éste tío ha sido capaz de sacar punta a estos dos, tanto que ni los hemos reconocido, es que es MUY BUENO.

Pues bien, eso fue sábado y el lunes estaba intentando ponerme en contacto con él, pero resultó que estaba de vacaciones. Argggggg!!! Fue una de las semanas más interminables de mi vida.

Pero todo llega, y allí que me volví a presentar, esta vez sí en un estudio como Dios manda. Muy acogedor, por cierto. Con pósters que mostraban imágenes incluso más bonitas que las que ya había visto. Estaba “acojonada”. Si realmente era tan bueno, los precios serían desorbitados (como ya me había pasado con los “buenos” que había contactado previamente).

Bueno, pues de aquel primer contacto recordaré, además del “hola amiga”, “muy bien amiga”, “¿vale amiga?”, lo bien que me trató: de manera muy educada y profesional. Y sí, en esa primera reunión me ofreció varias posibilidades, con más o menos opciones, y con distintos precios. Pero lo que me alucinó fue que el “paquete básico”, por así decirlo, tenía más o menos el mismo precio que el de “las sin estudio”. Así que gentes, me reitero, que no os den por ahí “gato por liebre”.

Gato por liebre

(Fuente)

Volví a casa a medio día y, mientras hacía la comida, le resumí mi encuentro al Sr. Esquiador. Le pareció todo bien menos el tema del posboda: “¿eso qué es?, ah vale, ¿y para qué queremos eso?”

Riéndonos un poco de su ignorancia, que previamente había sido la mía, le digo: “es verdad, para qué queremos un posboda, si de hacérnoslo tendría que ser en Sierra Nevada” (más risas).

Sierra Nevada

(Fuente)

Respuesta del S.E., muerto de la risa: “mira, si nos hace un reportaje en Sierra Nevada, lo hacemos”.

* Nota: Sierra Nevada está en Granada y nosotros somos de Murcia…

Mi respuesta, con risa nerviosa: “¿te imaginas? No, no puede ser. A ver, como poder, quizá podría, pero he leído en un foro que a una pareja le costó el reportaje de boda cuatro mil euros y dos mil el posboda porque era con desplazamiento a otra ciudad”.

Silencio sepulcral…

Pero… decidimos ir de nuevo esa tarde al estudio con nuestra “chorra-propuesta”.

Y eso hicimos: “oye Gregorio, que mira que sí, que hacemos el reportaje del Día B contigo y que el posboda nos gustaría hacerlo en Sierra Nevada”.

Respuesta: “ah, vale”.

Nosotros…

boquiabiertos

(Fuente)

Mirada nerviosa entre S.E. y yo.

“¿Pero cuánto costaría?”

Respuesta: “X” (un cifra pequeña).

Nosotros…

boquiabierto

(Fuente)

Bueno tengo que hacer una inciso, si nos quedamos TAN de pasta de boniato, aparte de todo y de ser unos frikis de la nieve, es porque durante un tiempo pensamos muy seriamente casarnos en Sierra Nevada pero finalmente lo desestimamos por motivos logísticos de nuestros invitados.

No recuerdo bien las frases siguientes pero si las risas nerviosas y la sentencia: en agosto de 2015, dentro de un año, el reportaje del Día B y en noviembre, cuando haya nieve, nos vamos a Sierra Nevada.

No puedo evitar escribir esto con una sonrisa de oreja a oreja. Eso fue en agosto de 2014…

Y pasó un año en el que tuvimos un contacto esporádico con nuestro fotógrafo todo terreno, pero yo seguí observando, disfrutando y maravillándome con su trabajo desde el otro lado de la pantalla.

Novios…

Embarazo…

Recién nacidos…

Niños…

Comuniones…

(¿Verdad que esta niña tiene algo hipnotizador en la mirada?)

Y llegó el Día B…

Pero esa será otra historia, nuestra historia, otro día…

Gremary

Ya disponible la segunda parte de esta entrada 😀

 

* Un dulce besito *

la violeta firma

 

 

 

 

 

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