Cuando el orden entra en tu armario

Pilar, nuestra asesora de moda profesional que está detrás de Un bello día, nos trae un post que me encanta. En él nos habla de la importancia y las ventajas del orden en nuestro vestidor, y del orden en general, para aprender a vivir solo con aquello que nos hace realmente felices.

Creo que es una entrada de la que podemos aprender mucho, yo la primera, así que os animo a que le echéis un vistazo. Váis a disfrutar leyéndola 😉

***

Escribir sobre estilo es también hacerlo, y mucho, sobre el armario. El armario suele ser el epicentro de casi todos nuestros conflictos con el estilo, convertido, en muchas ocasiones…, en un depósito donde albergamos la ropa más que en un espacio amistoso donde dialogar con nuestra personalidad y necesidades vitales. Diálogo traducido en prendas de vestir, pero diálogo, al fin y al cabo…

Todos guardamos en nuestro interior, en mayor o menor medida, un Diógenes recolector de inutilidades y el que éstas, en algún momento…, no lo hayan sido, no justifica nuestra cerrazón a convivir con nuestros propios cambios…. y los nuevos hábitos que esos cambios implican. También en el armario. Sobre todo, en el armario.

El orden en nuestro vestidor no está descontextualizado del resto del orden en nuestra casa… pero, por algún extraño motivo, tendemos a hacerlo.  Nadie pasa meses y meses sin ordenar su vivienda… pero, ¿cuántos meses somos capaces de dejar sin ordenar el armario…? Ah…, mejor no profundizar… me temo. Acumulamos, no revisamos… Retrasamos los cambios de temporada… Utilizamos cada percha como soporte de bastantes más prendas de las que nuestros ojos pueden captar… Convertimos los cajones en un trasunto de la “caja de tesoros” que tal vez tuvimos allá por nuestros cinco añitos…, cuyo indiscreptible contenido nuestra madre siempre tuvo ganas de tirar… En fin… Un “desastre”, nunca esta palabra fue más descriptiva…

Imagino que conoceréis el libro “La magia del orden” de Marie Kondo. Para Marie, no existe un orden verdadero, ese que transforma tu vida haciendo “magia”…, si no sometemos primero todo lo que tenemos al proceso de desechar. Para ello, nos habla de tres lecciones fundamentales a poner en práctica, si bien las resumiríamos en una sola idea: descubrir que ordenar es mucho más que buscarle un sitio a cada cosa. Es aprender a vivir sólo con lo que realmente te hace feliz.

1. Coger la cosas en la mano o cómo conectar con la emociones.
Para Marie, la mejor manera de saber si es necesario o conveniente conservar algo es cogiéndolo en la mano. Descubrir qué valor tiene ese objeto para ti en este momento, cuánto estás de unida a él y qué capacidad tiene de hacerte feliz… o si tan solo está ocupando un espacio.

Desde esa perspectiva, la labor de desechar cosas es realmente fácil. Y he comprobado, como ella sostiene, que cuánto más lo ejercitas, más rápido y liberador te resulta decidir con qué te quedas.

2. Lo que no se ve, no se usa. En el noventa y nueve por ciento de los casos... De hecho, no solo no se usa, es que se olvida.

3. Agrupar por categorías es la mejor manera de saber lo que tenemos. Tendemos a distribuir nuestras posesiones por cualquier parte… Llenamos el espacio destinado inicialmente a cada categoría  y vamos ocupando otros cualquiera… Por ejemplo, los cosméticos, en su estante en el baño… Sí…, hasta que “no caben más” y empezamos a dejarlos en una balda dentro del armario o encima de la mesita de noche…, en lugar de preguntarnos por qué no caben más en ese estante inicial. ¿Era pequeño para nuestras necesidades reales…? En tal caso, habrá que cambiarlo. Sustituirlo. Pero, tal vez…, acaece que no nos hemos resistido a comprar dos cremitas más… de las que nos hablaron tan bien…  o esos jaboncitos con un packaging tan ideal… los cinco…

Pues bien, “La magia del orden” no debe quedarse fuera de nuestro vestidor. Todos sus principios son válidos detrás de las puertas del armario… Esas mismas que  abrimos por la mañana todos los días, sí…, pero que, por alguna extraña razón…, se vuelven invisibles cuando llega el momento de “ordenar”… Nunca es fácil empezar… da pereza, soy consciente, ni tampoco el proceso resulta sencillo (invertimos horas… aquello de pasarnos la tarde entera y acabar con la falsa sensación, porque es del todo incierta…, que conste…, de que no hemos hecho nada) pero el resultado sí merece la pena… Mucho.


Después de un buen cambio de armario…

Ganaremos tiempo.
Nuestra ropa estará “lista para salir”… si sabemos crear outfits con ella y colocarlos ya hechos en las perchas (pide ayuda profesional si te sientes perdida…. A mí, por ejemplo…). No tendremos que andar buscando esa prenda en concreto que tenemos en mente, ni cambiar varias veces de look…, ni volver a ponerte lo mismo lunes, miércoles y viernes… Convivimos con el armario todos los días. Empezar nuestra jornada con positividad y rapidez es como si nos insuflaran ánimos para el resto de las tareas…

Nos vestiremos mucho mejor.

Un golpe de vista nos permitirá saber lo que tenemos y tendremos más ganas de probar combinaciones distintas. Saldremos con mucha más facilidad del “sota, caballo y rey”, utilizando el refranero castellano.


Ganaremos espacio.

Nuestro armario no va a crecer, pero como si lo hiciera…. Ese proceso de selección, limpieza y orden (otra vez orden….) logra que los espacios sean más funcionales, más bonitos… lo cual también es importante… y, al no estar saturados…, más grandes.

Hasta aquí, los presupuestos de trabajo… Tener muy claras estas ideas que os he expuesto es lo que nos va a  permitir un cambio de armario eficiente dos veces al año… Si bien, para no ir olvidando las buenas prácticas…, yo aconsejo una revisión rápida mensual, aquello del repaso… Corregiremos los pequeños desórdenes e incongruencias que se hayan “colado” en los treinta días precedentes y evitaremos que la más seria puesta a punto semestral nos ocupe todo el día…

Bajar al terreno de la concreción y los detalles pautados lo dejamos para otro post, so pena de no alargar éste en exceso…. En mi entrada del martes próximo en mi propio blog, continuaremos… Os invito a pasaros entonces y sobre todo os invito a pasaros ahora… para descubrir qué nos cuenta Lorena y cómo, una vez más…,  nuestra Violeta favorita gira de un modo personalísimo cualquier tema de estos posts de intercambio.

Gracias por el tiempo que nos dedicáis… Quiero concluir con uno de mis tips favoritos, insistiendo en que el ideario de todo cambio de armario es dejar que  cuente una historia… Una, tan solo: la “nuestra”.  Lograr ser capaces de ver más allá de la ropa, conectar lo que vestimos con lo que somos y convertir el estilo en una experiencia feliz que no nos queramos perder….

Fuente de las imágenes: Pinterest.

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