Gremary, un fotógrafo todo terreno (II)

Hace unos días, en una entrada anterior, os contaba quién era Gremary y cómo le conocí.

Os enseñé también un poquito de su trabajo y mi relato se quedó justo en la llegada del Día B.

Pues sí, llegar llegó, y con muchas ganas después de 15 meses esperando, después de muchos preparativos.

La verdad es que no estaba nada nerviosa, ni la noche antes ni la misma mañana. La gente me decía: “hija mía, parece que no tengas ilusión…” Pues claro que la tenía, y mucha, es sólo que ya había hecho todo lo que tenía que hacer (y más) y ahora me tocaba… disfrutar. Y que saliera todo como tuviera que salir.

He de comentar que esta forma de actuar que tuve, a día de hoy, me sigue sorprendiendo porque de normal, he de reconocer, soy bastante controladora y perfeccionista. Pero, ¿sabéis qué? Que me relajé, me dejé llevar, y la verdad es que ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida.

Dejando mi forma de ser aparte, vuelvo a retomar a nuestro querido Gremary.

Según lo que habíamos acordado, el Día B por la mañana acompañó al Señor Esquiador a la barbería. Me muero por ver esas fotos. Me las imagino con un rollo antiguo, vintage, con la cara del S.E. llena de espuma y el barbero afeitándole…

He dicho que tengo ganas de verlas porque yo cuando me levanté recogí a mi madre y me fui para el hotel y ya no le (les) ví hasta por la tarde.

Hago un iniciso para comentaros que el sitio donde celebramos el Día B está en medio del monte (en nuestra salsa, vamos). Y allí se encuentran: el Santuario de Santa Eulália (una iglesia del siglo XVI conocida como “La Santa de Totana”), anexo el antiguo monasterio convertido en hotel y una zona de fuentes y jardines, todo ello rodeado por una extensa pinada.

Entorno La Santa

(Fuente)

Como os decía, yo me fui para el lugar a media mañana, comí allí y aún con el bocado en la boca (literalmente) llegaron las profesionales que tenían la misión de “adecentarme”.

Yo estaba en una nube. Estuve arreglándome desde las 15.00 hasta las 19.00 pero se me pasó en un suspiro. De ese rato recuerdo olores: laca, maquillaje, perfumes… y sonidos: risas nerviosas de algunas de mis acompañantes, entrando y saliendo, el secador, el fru frú del tul… Yo lo veía todo como desde fuera, muy tranquila, saboreando cada instante y riéndome interiormente de ver a la gente tan descompuesta. Allí sentada, junto a las ventanas de la suite, viendo desde una como preparaban la puerta de la iglesia y como iban llegando los invitados y, desde la otra, como iban montando las mesas en el jardín, entre los árboles frutales. Dejándome hacer…

Gremary foto novia en la ventana

Y en medio de toda esa vorágine que giraba a mi alrededor apareció Gremary y su equipo, compuesto por un ayudante y un cámara, llegados de hacerles unas fotos al Señor Esquiador y a su familia en casa de estos.

No sé cómo explicar el rol que jugó en ese intervalo de tiempo, aunque bien podría extenderse al resto de la velada.

A ver… estaba, pero sin estar. Coordinaba pero discretamente. Trasmitía tanta seguridad, tanta tranquilidad, tanta… confianza…

Tanto es así que le pedí hacerme unas cuantas fotos en ropa interior. No sé muy por qué a día de hoy, jeje. Había visto por ahí hace tiempo una foto de otra novia de esa guisa, me encantó la idea y supongo que me vine arriba. Al fin y al cabo me sentía tan bien, tan feliz, sabedora que estaba exquisitamente peinada y maquillada. Radiante, al menos por un día. Quise hacerlo. Y con Gremary y su equipo fue muy natural.

Modestia aparte, remiro la imagen y me veo preciosa… ¡Si es que no parezco yo! Eso sí es captar el lado bueno de alguien 😀

Yo

(Captura de pantalla del vídeo realizado por Gremary)

Aún recuerdo cuando dijo: “El novio ya ha llegado”. El mundo, o al menos el mío, se paró. Hasta ahora había sido una beauty party de chicas, ahora iba en serio. Pero ahí estaba mi fotógrafo, retocando aquel mechón rebelde, colocando aquel pliegue del vestido, transmitiéndome seguridad…

Sé que el objetivo de esta entrada era hablaros del trabajo de Gremary, y aunque no quería meterme en estos detalles, no puedo evitar contaros los sentimientos y emociones tan intensas de ese Día, en el que Gregorio jugó, discretamente, un papel importante.

Cómo voy a dejar de comentaros la explosión interior que sentí al entrar en la Iglesia, sonando por el trío de violín, flauta y piano el Ave María y vi al fondo del pasillo al Señor Esquiador… No puedo.

Recuerdo que aparte de nuestro mejor amigo que vino desde Múnich y que estaba en uno de los bancos, solo le vi a él, a nadie más, porque no podía apartar los ojos de él.

Y cuando llegué a su altura nos quedamos así, por lo menos un minuto, o una hora, no lo sé, uno enfrente del otro, mirándonos a los ojos, mientras terminaba de sonar la exquisita canción. Y cuando acabó, el S.E. se movió, y me dio un beso en la mejilla mojada (¿había estado llorando?). Y me desperté.

Beso

(Captura de pantalla del vídeo realizado por Gremary)

Pasó la ceremonia, muy amena dentro de lo que cabe, por cierto. Salimos, y tras una intensa de lluvia de arroz, pétalos de rosa y copitos de nieve de papel recortados e introducidos por mi familia a modo de sorpresa, pasó el interminable “besa manos” lleno de enhorabuenas, felicitaciones, y buenos deseos.

Y allí dejamos a toda la gente, tomando un cóctel en la puerta del hotel mientras nosotros, los novios y el equipo de fotografía y vídeo, nos escabullíamos.

Fue un rato genial. Qué bien me lo pasé y cuánto me reí, nos reímos.

¡Si es que es un gran profesional! Sabe qué requiere cada momento, qué dosis de seriedad, de sonrisas cómplices, de tomar el mando, de saber estar, de… “eh, venid por aquí” (porque había descubierto un rincón maravilloso).

Novia

Y la tarde se convirtió en noche, y así transcurrió el resto de la velada… No puedo parar de sonreir mientras escribo estas líneas y recuerdo.

(…)

Y pasó el tiempo, meses, y una fría noche de invierno llegué a casa después de un viaje de varios días a Madrid. En casa me esperaba el Señor Esquiador con EL VÍDEO  😮

Después de tantos meses, todo volvió a mi memoria, no pude parar de llorar mientras lo veía. No me lo imaginaba así. La música exquisitamente escogida, los detalles enfocados: las macetas en casa de los padres del novio, un botón, un pendiente, unas manos, yo durante el shooting en la suite (¡pero si el chico del vídeo no estaba delante! ¿me grabó desde la terraza?), los invitados hablando entre ellos, riéndose, súper naturales, sin darse cuenta de que les estaban filmando…

También están recogidos los grandes momentos, los esenciales, pero son esas pequeñas cosas a las que yo les doy importancia y quería tener grabadas para la posteridad. Como los elementos de decoración escogidos con mimo y gusto por Baviolette, que arrancaron muestras de admiración entre los asistentes e hicieron que el lugar pareciera una verbena antigua, un decorado de película, un lugar para soñar.

bici y carteldecoración arbolSeatting planBicifarolilloscentro de floresvelas 2decoración nochefachada hotelfuente 2mesasnoviavelas

(Captura de pantalla del vídeo realizado por Gremary)

Tenemos una inmensa suerte de que Gremary haya plasmado de manera gráfica, en fotos y vídeo, lo que para mí fue “El sueño de una noche de verano”.

Gracias Gregorio 🙂

Gremary foto bajo los farolillos

31/08/2016

Otro resultado bonito de aquel día maravilloso…

novia-la-santa-de-totana

* Un dulce besito *

la violeta firma

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2 thoughts on “Gremary, un fotógrafo todo terreno (II)

    1. Gracias Tomás, aunque no habría sido posible sin el excelente trabajo de Gremary. Los fotógrafos profesionales sois un gremio extraordinario 😀 Por cierto, después del éxito que está teniendo la sección de entrevistas a artesanos, he decidido implementar otra en la que las lectoras compartan con nosotros cómo fue su Día B: dónde compró el vestido o quién se lo hizo, quién le hizo el ramo, quién fue su fotógrafo, qué complementos llevó, cuáles fueron los momentos más especiales… Así que si “algunas de tus novias” quiere contar su experiencia, le invito a participar 😉

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