Marta Studio

El alojamiento del que voy a hablaros en esta ocasión es muy especial, tanto como la ciudad en la que se encuentra: Ljubljana (Eslovenia). Me refiero al Marta Studio.

* Nota: las “jotas” de la palabra Ljubljana se pronuncian como si fueran “i” (Liubliana) 😉

No sé bien cómo explicaros lo que me pasa por la cabeza cuando pienso en el alojamiento, así que tendré el mismo problema cuando vaya a hablaros de la ciudad.

A ver… mmm, tanto el hotel, como Ljubljana en sí son de contrastes, muy de contrastes. Tú ves por la calle una casa por fuera, por ejemplo, y lo primero que te llama la atención es lo desconchada que está la pared, y dejas de fijarte en que tiene la tejas nuevas (como recién sacadas de fábrica) y que se atisba por las ventanas una decoración mega moderna. Sin querer, te quedas con el exterior y llegas a la conclusión de que es… “cutre”.

Pues eso pasa allí con casi todo, y a lo bestia. Pero desde mi punto de vista tiene su encanto, y mucho. Y de hecho, a día de hoy, creo que es la ciudad más especial en la que he estado, y ya he pasado por bastantes.

Dicho lo anterior, me centro en el Marta Studio.

Bueno, como ya había leído por Internet el alojamiento está situado en el extra radio de la ciudad (a unos 15 minutos andando del centro). En la avenida en que se encuentra se mezclan edificios “setenteros” con otros súper modernos pertenecientes a distintas facultades de la Universidad.

* Nota: que eran facultades lo descubrí el último día y porque me lo dijo el Señor Esquiador.

Como ya iba prevenida, fuimos buscando una tienda de pinturas, sí de pinturas. El edificio cuenta con dos plantas y la de abajo es una tienda.

Aunque ya sabía que se entraba por detrás (mujer precavida vale por dos), en la parte delantera un chico joven, de unos 20 años, nos echó el alto. Bajamos la ventanilla del coche y nos preguntó en inglés si buscábamos el Marta Studio. Le dijimos que sí y nos indició cómo llegar a la parte trasera del edificio.

Una vez aparcados entramos dentro de la vivienda que por fuera tenía este aspecto:

Marta Studio 1

Os repito, se entraba por la parte de detrás.

Subimos unas escaleras y allí nos estaba esperando el muchacho de antes.

escaleras Marta Studio

Hablaba un inglés perfecto y me llamó la atención que su acento era casi igual que el nuestro. Vamos que era como hablar con un español en inglés.

Fue súper simpático y amable. Nos tenía preparados un montón de folletos y planos en español, nos sugirió sitios para comer… Hasta nos preguntó si estábamos de Luna de Miel, y al decirle que sí nos dijo que le disculpáramos un momento. Se fue y al segundo regresó con una cubitera con hielo y una botella pequeña de champán. Menudo detallazo, y realmente fue el único que lo tuvo de todos los hoteles que visitamos durante el viaje.

Y al entrar a la habitación tuve la sensación que más tarde experimentaría con otros sitios de la ciudad: la de acceder a una dimensión paralela. Porque poco, o nada, tenía que ver el interior con el exterior.

marta studio 2 marta studio 3 marta studio 4 marta studio 5 marta studio 6 marta studio 7 marta studio 8

Siendo objetiva, y he de reconocer que me cuesta un poco (dicen que el amor es ciego…), he de comentar el par de defectos que tiene el alojamiento, desde mi punto de vista. El primero es que no tiene ascensor y eso es una limitación y grande para personas con movilidad reducida. El segundo, que se si va a utilizar realmente como apartamento… la cocinilla deja que desear. Nosotros es que sólo utilizamos la habitación para descansar y asearnos, pero si hubiésemos tenido que hacer la comida en la encimera de la Señorita Pepis… Esto último lo digo sobretodo por familias que quieran alojarse allí.

De todas formas este era el estudio, sé que el alojamiento también cuenta con un apartamento con dos habitación para 4-6 personas, creo. Quizá ese sea más amplio.

Sea como fuere, yo me llevé una muy grata impresión en general. La mezcla del exterior con el interior es como comer algo dulce y salado, y la habitación aunque sencilla, estaba decorada con mucho gusto (hasta había toallas marrones y otras azules a juego con el resto de colores del baño), y no le faltaba de nada.

Si volviera a Ljubljana, que espero volver a hacerlo, seguramente me alojaría aquí: en el Marta Studio  🙂

maleta

* Un dulce besito *

la violeta firma

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