Gremary, un fotógrafo todo terreno (III)

Como ya os conté en la primera entrada de esta serie “todo terreno”, una de las razones por las que decidimos trabajar con Gremary fue porque acordamos la absurdomaravillosa idea de hacer el reportaje del posboda en Sierra Nevada.

Desde que lo decidimos, el planning sufrió varias modificaciones. La primera fue ir y pasar el día en la Sierra. La segunda fue incluir mi adorada Alhambra. La tercera fue meter algo del casco antiguo de nuestra ciudad fetiche: Granada. En la cuarta nos dimos cuenta de que hacía tiempo que habíamos dejado de ser realistas y que en lugar de un día… habría que ir dos (qué penita tan grande, ¿verdad?).

Aunque fuimos ampliando y mejorando el evento, siempre estuvo preestablecido que se produciría en noviembre, que ya habría nevado. Pero este año la temporada ha sido tardía y a finales de octubre tomamos la determinación de posponerlo hasta febrero.

Recordemos que las primeras conversaciones con Gremary las mantuvimos en agosto de 2014 y estábamos posponiendo el viaje hasta febrero de 2016… (snifff). Pero dicen que lo que más te cuesta conseguir después mejor te sabe y en este caso fue así, y con creces. Pero no me quiero adelantar a los acontecimientos 🙂

Decidimos que nos iríamos un lunes y un martes pasando, obivamente, una noche fuera. Gregorio se traería un ayudante, así que reservé para cuatro personas en el Hotel Quéntar.

Quéntar Hotel

(Fuente: Atrápalo)

Es un hotelito pequeño, sencillo y la relación calidad/precio es muy buena. Además, cuenta con un bar en el que se pueden desgustar unas tapas espectaculares (ya me estoy desviando…).

Está situado en el pueblo de Quéntar, a los pies de Sierra Nevada y muy próximo a La Alhambra y a Granada. Por ello, siempre que vamos a esquiar nos alojamos allí. Bueno, por eso y porque el trato es excelente, muy familiar. Así que, para este gran acontecimiento volví a reservar allí.

En otras palabras: nos los íbamos a llevar a nuestro terreno. Les íbamos a enseñar un pueblo que para nosotros es “nuestro” pueblo, nuestro hotel, nuestras tapas favoritas, nuestro mostillo, nuestros rincones, nuestra Sierra… nuestra pasión.

Como recordaréis por la entrada anterior, ni los días previos al Día B, ni el Día B, en sí estuve para nada nerviosa. Supongo que era porque lo tenía todo bajo control. Y en cuanto a mi apariencia, estaba tranquila porque sabía que tenía un buen equipo de profesionales y una cohorte de familiares y amigas que iban a velar porque estuviera radiante.

Pero en esta ocasión tenía que ir el lunes a la peluquería a las 6:45 de la mañana para ondularme el pelo, pelo que me tenía que durar (o medio durar) dos días, maquillarme yo misma y vestirme… el Señor Esquiador!!! :s

Haré un inciso para comentar que el sábado anterior, con ayuda de mi tía que vino a comer a casa, me puse el vestido. Mandamos llamar al S.E. y comenzó la clase magistral de “cómo cerrarle el vestido a una novia”.

En el segundo paso se fue de la habitación diciendo que ya lo tenía claro…

En cuanto al maquillaje… a ver, yo sé maquillarme, pero no a nivel profesional, y sé que es menester que quieras que te quede perfecto para que te salga la sombra de un ojo distinta de la otra (como me pasó haciendome pruebas el día antes). Y aunque sabía que no me iba a hacer fotos con primeros planos de mi cara… quería no sólo ir vestida/disfrazada de novia, sino parecerlo, y para eso era importante cuidar los detalles (el pelo, el maquillaje, las uñas…).

El domingo por la noche cada cual tenía preparado su hatillo… Creo que en ambos casos las imágenes son muy representativas.

Material de fotografía

(Parte del equipaje de Gremary)

Bota de montaña y zapato de tacón

(Parte de mi equipaje)

Así que el lunes por la mañana, muy temprano, cuando vine de la peluquería, nos montamos en el coche de Gregorio y pusimos rumbo a “nuestro” pueblo: Quéntar.

Unas cuantas horas más tarde llegamos al hotel, “desembartulamos”, me maquillé (no ocultaré que me temblaba la mano mientras lo hacía) y el Señor Esquiador me ayudó a vestirme. Romperé una lanza en su favor y resaltaré que lo hizo bien y bastante rápido.

Abrí la puerta para salir y en ese momento también salía de otra habitación una camarera del hotel. Qué susto y que exclamación dio la pobre al verme, jeje. Lo primero que me salió decirle fue: “esto no te lo esperabas tú un lunes por la mañana, ¿eh?”. Y las dos nos echamos a reír.

Pasamos por la recepción y Domingo, uno de los dueños del hotel, nos aconsejó pasar por el pantano de Quéntar antes de ir hacia La Alhambra, informándonos que las vistas eran muy bonitas y que podríamos echar unas buenas fotos.

La verdad es que nosotros habíamos estado alguna vez en el de Güejar Sierra, que está cerca, pero nunca en el Quéntar. Así que le hicimos caso.

Nada más llegar Gregorio nos recomendó quedarnos en el coche, recordemos que yo llevaba los zapatos de novia que aunque con poco tacón, lo tenían, y él se puso a inspeccionar el terreno en modo “cabra montesa” activado.

Vio un sitio bueno pero había que descender por unas piedras y yo, ni corta ni perezosa, me puse mis zapatillas de deporte y eso es todo lo que llevé mis zapatos en el posboda: los 10 minutos que duró el trayecto en coche.

El sitio era realmente bonito y este es uno de los resultados:

Pantano de Quéntar

Terminado el shooting en el pantano de Quéntar nos fuimos para La Alhambra. A pesar de tener las entradas compradas por Internet tuvimos que hacer cola para retirarlas.

Todo el mundo nos miraba, sobretodo a mí y hacían comentarios más o menos dismulados, incluso señalando directamente. Pero bueno, eso no fue nada con lo que nos encontramos en el interior.

Cabe precisar que era un lunes a medio día, así que españoles habían más bien pocos, muy pocos. Principalmente eran extranjeros de todas las nacionalidades a los que les tuvimos que parecer… no lo tengo muy claro.

La mayoría creo que pensaban que era el día de nuestra boda porque muchos exclamaban: Happy Wedding Day!, jeje.

La verdad es que si eres una persona vergonzosa… este es precisamente el reportaje que no te debes hacer, jajaja. Es que lo recuerdo y no puedo parar reírme. Toda esa gente miándonos, haciéndonos fotos disimuladamente o descaradamente, y muchos… ¡pidiéndonos por favor si podían hacerse fotos con nosotros!

La Alhambra

(Yo con dos niñas orientales. Previamente me había echo otra foto con otras dos)

Sinceramente, a mí no se me hubiera ocurrido hacer algo así. Por ejemplo, cuando estuvimos en los Castillos de Baviera también vimos a una pareja de novios haciéndose un reportaje fotográfico. Los vimos, claro que nos llamó la atención, pero no les hicimos fotos y muchos menos les pedimos posar con nosotros.

Pero bueno, lo que nos pasó no deja de ser algo anecdótico y de lo más diviertido, y yo como el concepto de vergüenza no lo conozco… Estaba en mi salsa, como bien comentó en un determinado momento Gregorio.

¡Pero si cómo no iba a estarlo! Estaba con el Señor Esquiador haciendo, a tiempo completo, lo que más me gustó del Día B: el shooting. Además estaba en mi ciudad favorita dentro de ¡LA ALHAMBRA!. Y por si fuera poco, llevaba el pelo suelto, iba en zapatillas de deporte con la falda arremangada por encima de la rodilla, obviamente sin ningún tipo de protocolo, luciendo un sol espectacular… No podía pedir nada más. No podía parar de sonreír. Sí, definitivamente estaba en “toda mi salsa”.

Novia en el Generalife

Gregorio había estado una vez hacía tiempo en el monumento y no lo había visto todo y su ayudante directamente no había estado. Así que dijimos: “ale, pues seguirnos” (nosotros necesitamos poco para lanzarnos…), y aunque nuestro fotógrafo nos decía dónde pararnos, nosotros les íbamos guiando.

Fuente de los Leones

(Selfie junto a la Fuente de los Leones)

Gregorio nos confesó en el viaje desde Murcia que le gustaba este proyecto porque para él suponía un reto: iba a hacer fotos en sitios en los que nunca no lo había hecho y eso implicaba poner en juego su creatividad.

Yo que le había estaba observando, el Día B y lo que llevamos esa jornada, me di cuenta, por cómo miraba lo que nos rodeaba, por cómo se movía inquieto, que él no veía las cosas del mismo modo que nosotros. A día de hoy estoy segura de que donde yo observaba una simple imagen, bonita, pero una simple imagen, él veía formas, cuerpos geométricos, ángulos, encuadres, juegos de volúmenes y colores, contrastres de luz…

Así que cuando estuvimos cerca del Palacio de Carlos V le dije: “ahora vas a alucinar”. Imaginaba lo que iba a suponer para él cuando entrara y creo que no me equivoqué… Aún recuerdo el asombro que se dibujó en su cara y el brillo que se pintó en sus ojos. Fue genial 😀

Voy a hacer un inciso para contaros algo curioso que nos ocurrió. Estando posando el S.E. y yo apoyados en una columna dentro del Palacio, me dio por mirar hacia un lado. Vi a una pareja y algo se me encendió en la cabeza, pero no le di importancia. Cuando al rato volví a mirar me di cuenta de que sí, que conocía a la pareja: eran unos primos del S.E. Lo fuerte es que son de Badajoz, es decir, nosotros de Murcia y ellos de la otra punta de España, y nos fuimos a encontrar allí: en el Palacio de Carlos V.

Ni los unos ni los otros sabíamos que íbamos a estar allí ese día. Fue una gran alegría. No los veíamos desde el Día B y la payasa que llevo dentro no pudo dejar de exclamar: “no os penséis que vamos vestidos así todos los días”, jeje.

En el Palacio de Carlos V

Gremary hizo unas fotos espectaculares sin duda, y el mejor recuerdo de esta aventura fue aquí, en este Palacio, pero eso os lo contaré al final…

novios en el palacio de Carlos V

(Qué bueno es Gregorio tomando fotos y editándolas: ¿dónde están los cientos de turistas que estában allí en ese preciso momento?)

Terminamos de visitar a La Alhambra, a día de hoy sigo teniendo la grata sensación de que llevamos de turismo a un par de buenos amigos, y nos fuimos a Cenes de la Vega: un pueblo (que más que pueblo parece un barrio), situado entre el monumento y Granada, con objeto de aparcar allí el coche e irnos en bus hasta el centro de la ciudad.

Después de estar más de media hora esperando descubrimos, porque un señor mayor nos lo indicó, que esa línea había dejado de funcionar hacía algún tiempo. Así que tuvimos que coger el coche e irnos, pero tanto el objetivo de la cámara, como las personas de los coches que frenaban incrédulas, pudieron disfrutar de esta estampa:

Novios en la parada del bus

Ya en Granada, al atardecer, estábamos cansados y solo deambulamos un rato. Pero pasaron algunas cosas curiosas, como por ejemplo que la gente cenando en restaurantes tenía que mirar dos veces por la ventana para asegurarse de lo que estaban viendo, o un momento en el que estuve posando un rato junto a un escaparate, sin moverme, y cuando por fin lo hice unas personas exclamaron: “ay, si es una persona de verdad, no es un maniquí”, jeje.

Volvimos a nuestro campamento base en Quéntar y bajamos al bar del hotel para dejar que las tapas, las cañas y los mostillos, como cada vez que vamos, obraran su magia… y así fue.

Por la noche, ya en la cama, molida y bastante “contentilla” por la “magia” que os acabo de comentar, estaba casi dormida y con la poca consciencia que me quedaba me di cuenta de que me dolía la cara (sin bromas). Como pude me pasé la mano por el rostro y me di cuenta de que tenía una exageradísima amplia sonrisa de oreja a oreja 😀

Y ameneció, y después de un buen desayuno, me maquillé en cero coma, para mi gusto quedé mejor que el día anterior (no hay nada como dejar de ahogarse en una vaso de agua) y el S.E. batió el récord en vestir a la novia, jeje.

Me abrigué un poco más para subir a nuestra adorada Sierra y así me presenté:

Novia en Quéntar

Lo que viene siendo elegante pero informal, vamos 😄

Ni que decir tiene que mis acompañantes se echaron a réir cuando me vieron aparecer y que di un poco más de qué hablar a las señoras del pueblo, jeje.

Ya montados en el coche cogimos la carretera para la Sierra. El S.E. y yo nos mirábamos y sonreíamos ante la excitación de nuestro cámara y su ayudante. No podíamos estar más contentos de compartir con ellos un lugar tan especial para nosotros, nuestro lugar.

Primero fuimos a la Hoya de la Mora. Para los que no lo conozcáis os diré que ahí no hay pistas de esquí en sí, sino una zona recreativa bastante extensa para alquilar y deslizarse con trineos.

Estaba a rebentar de gente porque era la Semana Blanca en Granada y, como no habían clases, habían muchísimas familias, excursiones… Así que imaginad, si el día anterior fueron las exclamaciones de “Happy Wedding Day!“, aquí hubo constantemente gritos de: “¡Vivan los novios!”. Bueno y comentarios de todo tipo: que si era un anuncio, que cuándo daban el reportaje por la tele… jeje. Fue muy gracioso en general pero he de comentar que nuestro ayudante hubo un punto en que dijo que “vaya agobio” y “que nunca se había sentido tan observado”, jeje.

Bueno, yo ese día cambié las medias y las zapatillas de deporte por unos leotardos y las botas de montaña. Ventajas de llevar un vestido largo. El pobre del S.E. lo pasó un poco peor porque las suelas lisas de sus zapatos de novio le impedían andar por la nieve, como es lógico y normal. Así que también se calzó unas botas de montaña y en cada shooting se las tenía que quitar y volver a poner los zapatos.

Aynssss, menos mal que teníamos a nuestro querido “sherpa”. No sé qué hubiéramos hecho sin él. ¡Gracias Pedro!

La cuestión es que me arremangué el vestido y encabecé la marcha. Primero hasta la Virgen de las Nieves y después hasta el antiguo (y abandonado) observatorio.

Los tres me exclamaban que parara, que fuera más despacio, que los llevaba con la lengua fuera y que si es que me quería ganar el mallot de la montaña. Yo les contestaba que no podía parar, que el vestido pesaba muchísimo (y era verdad) y que si a eso le sumaba la falta de oxígeno por la altura (nos movíamos cerca de los tres mil metros de altitud), perdía el resuello y no podía avanzar.

Novios en la Hoya de la Mora

Si ya de por sí no tengo vergüenza, cuando toco la nieve pierdo la cabeza del todo, quizá sea por el exceso de producción de glóbulos rojos debido a la gran altitud. El caso es que ante frases de Gregorio del estilo: “Por qué no te subes a…”, mi reacción era coger y subirme, en cero coma y sin ayuda.

Novia en la Virgen de las Nieves

En la siguiente imagen podéis apreciar los terrenos escarpados por los que ascendimos, obviamente sin senderos. Menudo mérito, Gregorio con su equipo y yo con mi vestido. Así que en la bajada (naturalmente en el observatorio estábamos los cuatro solos porque hasta allí no sube nadie), cuando escuché: “andá una novia, ¿cómo habrá subido hasta allí?”, y alguien contestó “hombre, la habrán subido en un Land Rover”, he de reconocer que me indigné un poquito ante el resto de mérito.

Novia y fotógrafo en el antiguo observatorio de Sierra Nevada

Y es con la siguiente foto con la que decidí que haría esta trilogía de entradas. Al mirarla ves a Gregorio y no puedes creer que sea el mismo chico elegante que fue a echarme las fotos al hotel casi siete meses antes. ¡No me digáis que no parece un reportero del National Geographic! Hotel de cuatro estrellas, velada romántica, La Alhambra, Granada, Sierra Nevada… lo que le echáramos, lo que le echen. Sin duda, un fotógrafo todo terreno…

Fotógrafo en Sierra Nevada

Y ésta es la que probablemente se convierta en la foto que presida una de las paredes del comedor de nuestra nueva casa (de hecho es el elemento que le falta a esa estancia). Con el S.E. y yo, en el lugar MÁS especial en el mundo para nosotros, Sierra Nevada, el sitio en el que hemos vivido la mayoría de nuestros recuerdos más felices (solo de pensarlo me emociono). Con el Veleta detrás como testigo…

Novios con el Veleta

(Guau, no puedo parar de mirar y admirar la foto. Sin duda es preciosa)

De bajada a la Hoya de la Mora tuvimos nuestro descanso del guerrero. No todo iba a ser “sufrir”…

Novia tomando una cervezaNovio tomando una cervezaPareja de novios con fotógrafo en la Hoya de la Mora

Vaya pintas, jajaja. Menudo día nos hizo. Para los que no estéis acostumbrados a estas altitudes os diré que cuanto más arriba… más quema el sol. Por eso estaba perfectamente sin mangas, y por eso me gané alguna quemadura en el escote y en los brazos :s (cuando voy a la nieve estoy acostumbrada a echarme protector solar solo en la cara).

Después de unos merecidos refrigerios bajamos a la urbanización haciendo algunas paradas para hacer más fotos… de todo tipo: desde las más románticas, a las más divertidas.

Novios en Sierra Nevada

Finalmente, y con todo nuestro pesar, volvimos al hotel a cambiarnos y a comer algo antes de irnos…

A modo de recapitulación… Uff, no sé bien cómo terminar esta entrada y mira que no es fácil dejarme sin palabras.

A ver cómo lo hago… Gregorio es una persona muy profesional, como ya os he comentado en las entradas anteriores, y muy especial. Sabe en todo momento cuándo tomar el control, cuándo dártelo a ti para que vayas a tu aire. Cuándo ponerse serio y cuándo arrancarte una sonrisa. Con él es sencillo disfrutar.

Yo ya os he dicho que no tengo vergüenza ninguna pero el S.E. es más cortado, lo pasa mal delante de una cámara, pero nuestro fotógrafo consiguió hacer fácil lo difícil. Quizá por eso recuerdo como más divertido en el Día B el rato que estuvimos a solas con él y por eso estaba deseando pasar dos días enteros en ese plan.

No deja de maravillarme la forma en la que se paraba en seco y se quedaba mirando fijamente… “algo”, y si no le convencía seguía como si nada. Y allí nos quedábamos los tres, pensando “¿qué habrá visto que nosotros no somos capaces de ver?”.

Para acabar, cuando os narraba el shooting que hicimos en Palacio de Carlos V os he comentado que allí viví el momento más especial de todo el viaje, y creo que va a ser el broche final ideal…

El Palacio de Carlos V estaba atestado de gente pero como pudimos hicimos entender a los extranjeros que me tenía que quedar sola en medio del patio. Todos se quedaron bajo los soportales, incluyendo al S.E. y a nuestro ayudante, salvo Gregorio que subió por una de las escaleras al balcón superior.

Entonces me gritó: “cuando yo te diga, comienza a dar vueltas sobre ti misma”. Y cuando me dio la señal comencé a hacerlo…

Recuerdo perfectamente estar girando y girando. Abrí los ojos, y antes de marearme un poco, vi pasar ante mis ojos columnas y más columnas mientras se escuchaba una ráfaga incesante de cientos de flashes. Fue MI momento. Uno de los más especiales y bonitos de mi vida y que sin duda jamás olvidaré.

Por cierto, ahora que me acuerdo, cuando paré de girar un señor se me acercó, me enseñó el visor de su cámara y me dijo en inglés: “mañana estarás en Londres”.

Desde el posboda han pasado casi tres meses. El domingo pasado estaba viendo una serie documental con el S.E., “España entre el cielo y la tierra”, y obviamente pusimos el capítulo relativo a Granada. Cuando el helicóptero pasó por encima de La Alhambra, en concreto sobre el palacio de Carlos V…

palacio-carlos-v-y-santa-maria-de-la-alhambra

(Fuente: ViveGranada)

…el S.E. me dijo:”¿te acuerdas de una novia girando en el centro?” (sabe que es un recuerdo muy bonito para mí), y yo que hacía tiempo que no volvía mentalmente a esa escena me emocioné.

Se lo conté por wasap a Gregorio y, mientras escribo esta entrada que cierra SU trilogía, ha tenido a bien hacerme este regalo tan especial y que tanto significa para mí…

Novia en el Palacio de Carlos V

Gracias Gregorio… por todo.

* Un dulce besito *

la violeta firma

31/08/2016

Más resultados de aquel maravilloso día…

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* Un dulce besito *

la violeta firma

14/10/2016

Aquí os dejo un vídeo resumen de aquellos dos increíbles días hecho, como no, por Gremary.

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